LO QUE SIEMPRE HEMOS QUERIDO DECIR, PERO HASTA AHORA NUNCA NOS ATREVIMOS

lunes, 25 de febrero de 2013

UNO DE ESOS RECUERDOS...

El aire de este día de invierno me sabe a frambuesas. Quizás sea el recuerdo de otros tiempos cuando mis pantalones se sujetaban con botones a la camisa y mi madre siempre llevaba un pañuelo sujeto a la manga de la blusa para soplarme los mocos. Entonces la brisa del mes de enero cubano, en mis recuerdos, era gélido.

En el camino a casa de la tía, mamá siempre me compraba un pirulí de frambuesa, sólo costaba un kilo (un centavo americano), pero para ella eso era una fortuna, para mí, un capricho. Caminábamos aquél largo trecho todas las tardes hasta la calle Revillagigedo en el barrio Jesús María porque en esos tiempos, la casa de la tía era el único lugar donde tenían algo que comer y no les importaba que fuéramos dos o seis. Mi madre y yo, mi tía Nicolasa, mis tres primos y la perra. No sé de dónde salía la comida pero siempre había un plato de harina de maíz o algo de arroz con frijoles negros.

Eran tiempos cubanos cuando la familia estaba unida como uña y carne, nada parecía amedrentarlos y nosotros a los tres o cuatro años de edad, casi nunca nos enterábamos del drama. Pero aquello ahora es como un sueño que yo me he inventado y que se me viene a la cabeza en los días de ventolera con olor a frambuesas.

El largo drama de vivir la vida se ha llevado a las tías y a mi madre. Aún quedan los primos, algo encorvados por el peso de los recuerdos, de los triunfos y de las derrotas que tocaron a sus puertas. Somos extranjeros en las tierras que pisamos y en el silencio de lo que nunca hablamos. Siempre nos une un amor entrañable y un sentido de pertenencia inquebrantable. Somos supervivientes del tiempo de los tranvías, de cucuruchos de maní, del caballero de París y el Paseo del Prado. Ha pasado un siglo desde que las tías comenzaron a arañar la vida en su pequeño pueblo de Limonar y este es mi homenaje a la fibra de esas mujeres, como a las de muchas otras que dibujaron sueños para las siguientes generaciones.

Marco Antonio

7 comentarios:

  1. Raphaela comenta:
    Dibujar sueños para los hijos... un privilegio para las que tienen el privilegio de ser madres. Todas ellas saben dibujar sueños y eso deja una marca a fuego en el alma que hace recordarlas muy especialmente a aquellos que fueron beneficiarios de esos sueños ¿verdad? Se te ve bonito cuando recuerdas, emperador.

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  2. Gracias. Son recuerdos dulces como espinas que se quedan clavadas en la memoria para recordarte de donde vienes y quién eres ... pero no duelen.
    Un beso

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    1. me equivoqué ajajaja cuando entré me pàreció que había respondido otra cosa pero ahora vi.
      Es hermoso dibujar sueños para los hijos que hermoso! Ese recuerdo de tu madre como yo de la mía y loa de tantas que nos marcaron un camino. He sido madre tres veces, ojalá mis hijos sepan recordarme como tú y yo y muchos a sus madres. Un beso mi querido Marco Antonio

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  4. Gracias querida María Susana. Como nutren los recuerdos de la inocencia y la fantasía y que poco duran.
    Un beso

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  5. Dios quisiera que aquellos tiempos que todos vivimos en nuestra patria, en nuestor lugar de la infancia, revivieran en los hijos y los nietos, los tiempos cambian pero quedan en la memoria, que nos ayudan a sonreir y sobrevivir cuando el sol declina en nuestras vidas

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  6. Amigo Marcos Carmen Passano

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