LO QUE SIEMPRE HEMOS QUERIDO DECIR, PERO HASTA AHORA NUNCA NOS ATREVIMOS

viernes, 25 de julio de 2014

¿ DÓNDE TE ENCUENTRO?







Desde nuestro corazón se desprende la sensibilidad colgada en hebras de hilos, comprometida a recibir el impacto de lo que nos prepara la vida. Cada día confrontamos una madeja de impresiones que nos alegra o nos ofende dependiendo de cuan fuertes somos o si estamos preparados para el plato que nos sirven.


Sí, somos sensibles porque la naturaleza nos proveyó con esta coraza emocional que crece con nosotros y se fortalece con las experiencias sin perder la habilidad de extender la mano o abrazar al que de nosotros necesite; no todos la llevamos. Transitamos por la vida ocupando un espacio único sin ser lo suficiente conscientes para aceptar que desperdiciamos demasiada energía en trozos de nuestra existencia que no producen, que no se archivan ni pasan a formar parte de nuestro pasado histórico.


Somos el milagro de una Naturaleza imperfecta, se olvidaron de darnos una visión clara de cuál es nuestro propósito aquí, la razón para ser merecedor de este único espacio y el instinto para elegir el camino correcto.Desde que descubrimos nuestra presencia en la evolución de la vida, estamos en conflicto con nuestros instintos y esos hilos desde donde cuelga nuestra sensibilidad se han ido convirtiendo en una madeja tan enmarañada que amar o aniquilar al prójimo es dibujar con los mismos colores de sangre y desgracias.


Hay tantas voces que presagian ese final que llevamos encerrado entre los puños que nadie las escucha, porque no creemos en ello. Algún día por falta de Fe, cometeremos una falta irreversible producto de una mala decisión y dejaremos de ser merecedores de este espacio único.


Perderemos el corazón y la sensibilidad que ahora se desprende de los hilos del alma para luchar contra la vida.


Marco Antonio

lunes, 30 de junio de 2014

HOY VOY DE SU MANO






Donde quieras que te encuentres, sabrás que te están llevando de la mano o por lo menos esa es la sensación que secretamente nos embarga a todos.  Las cosas que están sucediendo hoy, como las de ayer, de alguna manera producen la sensación de que van atadas a un hilo invisible, un cordón premeditado que tarde o temprano te conduce a un razonamiento incontrovertible ; entonces puedes entender el por qué de las cosas cuando la vida te sitúa en una encrucijada,   El instinto no suele traicionarnos, está claro que no dirigimos la orquesta pero sí somos conscientes de que nos han adjudicado, desde el principio, cierto papel de marionetas.

Todos vamos construyendo con las piezas del rompecabezas que nos asignan según las vamos eligiendo del montón. Algunos intentamos concentrarnos pero aún así, elegimos al azar en esta incierta trayectoria. Otros, al parecer,  con más visión y lucidez, pueden seleccionar una mejor estrategia dentro de sus capacidades intuitivas, lo que al parecer, pudiese proporcionarles una vida más cómoda y feliz, pero no necesariamente.

No me cabe duda que voy de su mano porque las circunstancias me dicen que  siempre ha sido así. La vida no es un paisaje de amapolas donde revoletean las mariposas para nuestro deleite personal. La vida es  más como un conjunto de diapositivas que estampan mi retina, conspirando con mi sentido del olfato, el auditivo y las papilas gustativas, una realidad hecha a la medida , una  interminables secuencia de reacciones bioquímicas que se regeneran hasta que tu tiempo se agote.  Si pensamos que al  final confrontaremos lo inimaginable, nos sentiremos como náufragos  en un inmenso y perpetuo vacío donde no formularemos concepto ni tendremos perspectiva ni consciencia de la realidad.

Es congruente aferrarse a la fe, porque así nos sentiremos parte de algo indispensable que se perpetuará en la pureza del proceso y que sí, habrá otra realidad, otra perspectiva para la cual, en estos  momentos no estamos capacitados para entender.

Marco Antonio

lunes, 23 de junio de 2014

EL DESAFÍO

En el organismo existe una coraza orgánica que recubre nuestros instintos ancestrales y no permite que estos desencadenen el caos que sin duda desfiguraría nuestra personalidad, esa de la cual nos valemos para presentarnos ante la vida todos los días.

¿Quién, en ocasiones, no se ha visto al borde del abismo cegado por la petulancia irrespetuosa de un egocéntrico ignorante que nos insulta con su verborrea o algo peor? Sabes que en el transcurso de nuestra existencia muchas veces e inconscientemente hemos llegado hasta los confines de la cordura rompiendo con todos los preceptos que nos protegen intentando desbordar esos códigos que delatan nuestro verdadero origen.

Abandonamos la prudencia y el tacto para poner a prueba los límites de esa barrera embrionaria, cuando bien sabemos que todo es parte de un proceso biológico de supervivencia y esa coraza orgánica es la barrera que nos provee de una apariencia civilizada aceptable ante la elaborada estructura de nuestra sociedad y así vamos prosperando del brazo de la vida. Aún no hemos acumulado suficiente energía negativa para atravesar lo que ha tomado a nuestra genética siglos de evolución para lograr avanzar hasta donde hemos llegado; un mundo aparentemente cuerdo y civilizado.

Nunca, pero nunca, admitiremos ante nuestros semejantes que somos conscientes del forúnculo interno que forma parte del milagro de la creación, esa bestia que desde un principio contenemos detrás de la barrera, el ente primitivo al que pudiésemos retroceder si la humanidad, tal como la conocemos dejara de existir. Si regresáramos a nuestros orígenes, como ya lo hemos decidido sin pensarlo demasiado, continuaríamos exterminando toda forma de vida a nuestro paso como lo hacemos ahora. Entonces sólo nos quedaría el instinto fundamental: El de la supervivencia. ¡Que ironía!

Marco Antonio

jueves, 12 de junio de 2014

MI AÑO OCHENTA

Un soplo del tiempo y el libro de la vida desdobla sus páginas a una impresionante velocidad. Sin saberlo te encuentras más allá de la fase descabellada de tus primaveras y de tus aventuras y entonces empiezas a sentir en la boca del estómago la escalofriante sensación de que pudieses estar viviendo tus últimos capítulos, el desenlace de la novela.

Por fin llegué a los 79 años el 13 de junio y lo primero que invade mi cerebro es la insensata preocupación de que mañana comienza mi primer día del año 80 en este planeta. ¿Qué queda por hacer? te preguntas, y como si estuvieses en la primera página del libro, te respondes que nada ha cambiado, que mil proyectos revolotean en tu cabeza y que aún construyes horizontes imaginarios repletos de ilusiones.

Estos años me han enseñado a reconocer los malos caminos y a elegir donde depositar la confianza y el amor. Leí en un libro que cada día es como un tesoro que hay que vivirlo intensamente llevando de la mano el deseo y la preocupación, uno para intentar ayudar a quien lo necesite, el otro para tener siempre presente que el esfuerzo puede convertirse en algo intangible e imponderable. Mira a tu alrededor, es un mundo donde la miasma se magnifica en extrañas formas, es un mundo donde la espiritualidad y la buena fe desaparecen como las miguitas de pan en un parque de palomas y aún así, sobrevivimos.

Para los que como yo llegaron a esta etapa sin tener una idea clara de cómo se evaporó tanta vida, les aseguro que aún nos queda suficiente tiempo para vivir la madurez con arrojo. Llevamos en nuestra genética armas secretas que se desarrollan según vamos tragando el polvo del camino, el valor para seguir adelante, porque siempre estará ahí, no importa lo abismal o la precario de nuestras circunstancias. La fe se renueva, tal como se cuece el pan de todas las mañanas, aunque los pájaros negros se coman hasta las últimas migas en el parque de las intrigas.

Tenemos la prosa , la poesía, la música y el milagro de la vida que se gesta en nuestro cuerpo para asegurar que continuamos persiguiendo esta visión y que nunca perdemos la esperanza. ¡Sí podemos cambiar el mundo y escribir un mejor final! ¡Sí podemos usar estos secretos sin miedo! Te prometo que con esfuerzo se proliferarán entre tus brazos abiertos y que el propósito de nuestra estancia, tanto para dar como para recibir sobrevivirá hasta que no quede pan que hornear o raíces que se marchiten sin nuestro amor.

Un beso.

Marco Antonio

viernes, 2 de mayo de 2014

TE SENTÍ AL PASAR...

A dónde te dirigías cuando sentí tu presencia cruzar mi espacio en esa vertiginosa carrera, al parecer, persiguiendo visiones. Aunque venimos de otra época, pronto aprendimos a adaptarnos a las tecnologías del siglo XX y ahora, sin importarnos mucho la decrepitud de nuestro aspecto, nos consumimos sobre el moderno teclado del ordenador dando riendas sueltas a nuestros más íntimos e insólitos secretos.

Volamos traspasando fronteras imaginarias y creando mundos que satisfagan esa incapacidad que tarde o temprano nos delata: la necesidad de ser parte de todo. En nuestro interior sin dudas existe un vacío emocional que todo ser humano necesita llenar con las impresiones que nuestros cinco sentidos proporcionan con incansable constancia.

Te he percibido más de una vez cruzando mi espacio y siempre has dejado la esencia de tu ser como la estela que deja una estrella fugaz a su paso en busca de las piezas sueltas de su destino. Pero bien sabemos que tu misión como la mía es la de estrechar este universo, tener todos los mundos al alcance de la imaginación y vivir el espejismo que se manifiesta en nuestro solitario entorno a nuestro antojo. Es un artilugio que en esta etapa de la vida utilizamos para detener el tiempo y continuar aferrados a la cordura en un mundo donde la demencia nos va ganando la guerra.

Marco Antonio

lunes, 14 de abril de 2014

LAS PUERTAS DEL CIELO

Las puertas del Cielo, según los versados en la materia, pudiesen cerrarse aunque no estuviésemos dispuestos a aceptar el argumento de que la desarticulación de la conducta humana es una causa real.

Esta actitud sin precedentes que estamos viviendo pudiese ser parte del proceso cuyos síndromes, sospechamos, son cambios evolucionarios que fermentan en los intersticios de nuestro cerebro. Sí que hay razones poderosas para preocuparse y considerar decisiones, pero sin tener que recurrir al argumento espiritual de un precepto religioso tan ferviente y arraigado en todas las doctrinas como la vía de acceso al paraíso.

El incentivo para llevar la vida se está apagando, al parecer la competencia con su voraz apetito consume más de lo que la Naturaleza es capaz de producir para el bienestar y supervivencia de futuras generaciones. Los medios informativos ya no aterrorizan tanto con las noticias sobre la proliferación y el alcance de la violencia y el crimen. Estamos siendo inmunizados contra los efectos que producen los dolores del alma, es función del cerebro protegernos hasta el límite de sus capacidades aunque éstas nos conviertan en seres insensibles, o a falta de ello, en caso extremo, dejarnos decidir cómo terminar con nuestras propias vidas.

Ese oscuro camino que no conduce a ningún recodo espiritual es la vía que muchos jóvenes adoptan de acuerdo a las noticias y estadísticas que nos presentan los medios. Perder el incentivo para continuar la vida y reunir el valor y los argumentos necesarios para terminar con ella es un acto inverosímil al que no se le puede adjudicar un adjetivo. A veces los argumentos son aplastantes. El padre que opta por terminar la vida de su hijo que sufre de una enfermedad terminal y a la vez, en su desesperación, ciega la suya. Ancianos cuya calidad de vida traspasa los límites de la resistencia humana y añoran un final. Persona de todas las edades cuyos cerebros subdesarrollados no son capaces de defenderlos de las enfermedades que el destino les adjudica y sin saber el por qué, mueren mil muertes en vida, ignorados por una sociedad impía.

No sé como llegué hasta aquí, me trajo la rabia y la frustración de tanto caminar sin ser capaz de pintar un arcoíris. No he de borrar de mi mente la risa de tantos niños jugando en estos parques, aunque sé que el tiempo y las circunstancias las transformará en voces graves, muchas de ellas con tonos violentos. Habrá burlas y discursos ausentes de elementos puros. Será aún más difícil encontrar la verdad, la sinceridad y a una persona preocupada bajo tanto sol y tanta luna.

Marco Antonio

martes, 8 de abril de 2014

LA VIDA EN OTRAS PALABRAS

Que peligrosa pueden ser las palabras cuando les damos la libertad de comportarse de acuerdo a la carga de emociones que llevamos por dentro. Las palabras, como las muñecas, pueden desfilar en la pasarela de la vida proyectando modelos de dulzura o espantosas e insultantes marionetas que desfiguran nuestra razón de ser. Todo depende de cómo se desprenden de nuestro intrincado laboratorio cuando la química responde a las situaciones en que la vida nos coloca. Las palabras pueden ser nuestro mejor método de defensa o la peor proyección de nuestra torpeza. En el momento en que les otorgamos libre albedrío, dibujan una imagen de lo que intentamos proyectar en las circunstancias en que nos encontramos en ese momento. El mundo alrededor nos percibe, no precisamente por nuestro aspecto físico, si no por las palabras que forman esa barrera invisible que en ocasiones nos defienden, nos hacen encantadores o en su disfraz de marionetas, nos obliteran.

Vas paseando por la calle y descubres que en tu dirección se acerca una persona con la cual no deseas intercambiar banalidades. Pausas por un instante y te preguntas: ¿por qué reacciono así? Casi nunca tu subconsciente te respondería que es por su aspecto o por su olor corporal. Casi siempre, como un semáforo incandescente parpadeando su luz roja, la respuesta elegiría su verbo, sus palabra y su modo de expresarlas. pensarías que su pasarela, desde que la conoces, siempre estuvo minada de marionetas absurdas arrastrando conjeturas, comentarios despectivos y rumores infundados. Suficiente información como para cruzar la calle y desaparecer sin siquiera dedicarle una autocrítica visual a su indumentaria o al color azafrán de su cabello.

Todos deberíamos trabajar en un huerto interior donde cultivar las palabras. Un lugar junto a la cordura y la inteligencia que pudiésemos abonar constantemente con la nueva información de la que nos suplen las experiencias por el paso de la vida.

Cuida de tus palabras, de su formación, de su estilo, de su elegancia, de su tono y de la carga que les adjudicas cuando se desprenden de tu ser para formar parte de tu mundo exterior.

Marco Antonio