LO QUE SIEMPRE HEMOS QUERIDO DECIR, PERO HASTA AHORA NUNCA NOS ATREVIMOS

viernes, 14 de junio de 2013

MI AÑO 79

Y así llegamos todos al onomástico de nuestro primer día sin apenas realizarlo. Éste es el principio de mi año 79 y soy consciente de que me deslizo en el estrecho margen de lo que queda de una larga, fructífera y maravillosa aventura: La vida.

Sin duda, es este un prodigioso fenómeno, un inseparable elemento en el transcurso del tiempo que va nutriendo nuestros sentidos a la vez que nos forma y nos deforma con implacable sutileza y sin predeterminación. Al final nos lleva de regreso al principio de todas las cosas.

¡Pero qué maravillosa aventura! Descubrir que somos tantos y todos compartimos las mismas emociones, la felicidad, los dramas, las calamidades y la satisfacción que produce la buena fe cuando en las bifurcaciones de nuestra existencia tenemos que servirnos de ella. Si tal como vinimos, nada llevamos, entonces quedaran las semillas de la convivencia en el huerto de los recuerdos, aquellas que sembramos en las primaveras de nuestros mejores tiempos.

Marco Antonio

sábado, 8 de junio de 2013

CARTAS A MI AMADA

Debes enterarte que las gotas de lluvia no son lágrimas y que los cielo grises no son girones de una mantilla de luto. Más allá de lo que ves se viaja en alas de la imaginación y los deseos.

Si lo intentas puedes llegar hasta donde se respira la clara realidad de tus vivencias,ahora y más tarde, en este mismo minuto o en el otro estarás en mí como yo en ti, porque no se puede querer de esta manera y pensar que la vida es totalmente gris y que las lágrimas son para siempre.

Tiéndeme tu mano y déjame saber que estás, no quiero vivir ni un minuto de tu ausencia como tampoco la soledad de una existencia gris.No puedes desdoblar el tiempo ya vivido o abrigar ilusiones preconcebidas. Tiéndeme tu mano para vivir las horas que son nuestras, los días que nos aguardan y cuando al final nos reclame quien espera, seamos descubiertos entre los lazos de este sueño de amor que no termina.

Marco Antonio

viernes, 7 de junio de 2013

VIAJANTE

La vida es como el recorrido de un tren cuyos pasajeros en su trayectoria experimentan sensaciones y experiencias altas y bajas. Momentos de claridad, oscuridad, angustia, felicidad y mucho más. Somos captivos en esta trayectoria junto a la enjundia y el tropel de personas que nos acompañan en el viaje. Algunas permanecen, otras desaparecen, pero todas impactan nuestra razón de ser de una manera u otra. Sí... esta vida es un viaje cuya dirección y destino no es del todo nuestro diseño, aquí no hay clarividencias ni conocimientos intuitivos. Pasas tu entera existencia en el transcurso de un viaje donde aprendes a llorar y a reír, aprendes a amar y a odiar, a ser piadoso o intransigente. Aventura o no, conocerás la oscuridad de los túneles y el verde paisaje de las ilusiones porque este tren es una alegoría de nuestra vida y no todo depende de nosotros. Un viaje con un destino definido donde no se contempla el boleto de regreso.

Marco Antonio

viernes, 19 de abril de 2013

ESTE CAMINO

Este camino que llevo bajo el pie

me ha enseñado a fuerza de ignorancias

que la vida va endureciendo el alma

con el roce del tiempo y la esperanza.

Al encuentro de piedra, el sentimiento duro

se alarga cuando en las sombras del sendero

se pierde el sombrero y la sonrisa.

Estos pasos inciertos lo son todo,

como el que alarga el brazo buscando el sin sentido

sabiéndose vacío y encuentra entre sus dedos

las huellas del otoño y los copos de un invierno

sin voz de primavera.

Este camino que llevo bajo el pie

dejó de ser sendero en las hojas del tiempo

cuando robó tus besos y se llevo tu voz

y quedó sin pasaje la luz de tu presencia.

Marco Antonio

miércoles, 17 de abril de 2013

martes, 9 de abril de 2013

TE MORIRÁS PRIMERO

Te morirás primero, ya lo sé.
No creas que me importa.
Me vestiré de gala,
con los tacones altos miraré las estrellas
y andaré por las plazas como si fuera fiesta.
Ya verás,
cuando te mueras
irán nuestros amigos al entierro.
Habrá ramos, ofrendas,
un latido de pájaro golpeará las ventanas
y el altar se hará añicos durante el ofertorio.
Yo me pondré las gafas de no querer mirarte,
las de mirar el mar y verlo a mi manera.
Escucharé tus versos,
aquellos que escribiste antes de yo leerlos,
seguiré las estatuas
y me vendrá tu llanto y el amor que no tuve.
¿Te imaginas, amor?,
tú allí, muerto, tan solemne y tan quieto,
y yo un bullir de rosas en los bancos del fondo.
Yo, de rojo vestida, trenzas negras mi pelo
y las manos muy blancas acariciando espejos
por donde te has mirado.
Sin una sola lágrima.
Oculta por la pena que siempre fuera mía.
Pensando en tus caricias
y el júbilo perfecto de una siesta de sol
que nunca llegaría.
¿Te imaginas, amor?
Tus nietos, tus parientes,
y en el último asiento una hermosa muchacha
iluminado el arco de sus blancas axilas
por la luz de tus ojos.
Vendrán los oradores y hablarán de tu ingenio,
de tus muecas feroces,
de las horas amables en que ocupabas sitios,
lugares acordados.
Hablarán de tus gestos, de tu bufanda oscura,
del inconstante deleite de tu boca,
del mar que te ocupaba los momentos felices.
Llorarán los acólitos, las vírgenes de plomo,
los ángeles de cera.
Y nunca sabrá nadie que me he muerto contigo.

Elsa López

lunes, 25 de febrero de 2013

UNO DE ESOS RECUERDOS...

El aire de este día de invierno me sabe a frambuesas. Quizás sea el recuerdo de otros tiempos cuando mis pantalones se sujetaban con botones a la camisa y mi madre siempre llevaba un pañuelo sujeto a la manga de la blusa para soplarme los mocos. Entonces la brisa del mes de enero cubano, en mis recuerdos, era gélido.

En el camino a casa de la tía, mamá siempre me compraba un pirulí de frambuesa, sólo costaba un kilo (un centavo americano), pero para ella eso era una fortuna, para mí, un capricho. Caminábamos aquél largo trecho todas las tardes hasta la calle Revillagigedo en el barrio Jesús María porque en esos tiempos, la casa de la tía era el único lugar donde tenían algo que comer y no les importaba que fuéramos dos o seis. Mi madre y yo, mi tía Nicolasa, mis tres primos y la perra. No sé de dónde salía la comida pero siempre había un plato de harina de maíz o algo de arroz con frijoles negros.

Eran tiempos cubanos cuando la familia estaba unida como uña y carne, nada parecía amedrentarlos y nosotros a los tres o cuatro años de edad, casi nunca nos enterábamos del drama. Pero aquello ahora es como un sueño que yo me he inventado y que se me viene a la cabeza en los días de ventolera con olor a frambuesas.

El largo drama de vivir la vida se ha llevado a las tías y a mi madre. Aún quedan los primos, algo encorvados por el peso de los recuerdos, de los triunfos y de las derrotas que tocaron a sus puertas. Somos extranjeros en las tierras que pisamos y en el silencio de lo que nunca hablamos. Siempre nos une un amor entrañable y un sentido de pertenencia inquebrantable. Somos supervivientes del tiempo de los tranvías, de cucuruchos de maní, del caballero de París y el Paseo del Prado. Ha pasado un siglo desde que las tías comenzaron a arañar la vida en su pequeño pueblo de Limonar y este es mi homenaje a la fibra de esas mujeres, como a las de muchas otras que dibujaron sueños para las siguientes generaciones.

Marco Antonio