LO QUE SIEMPRE HEMOS QUERIDO DECIR, PERO HASTA AHORA NUNCA NOS ATREVIMOS

lunes, 6 de junio de 2011

CARTA A LA MUJER AMADA



CARTA A LA MUJER AMADA

Querida mía:
Te escribo desde mi lado de la cama. Hoy es otro día más que estás en mi vida. ¡Que suerte la mía! Despertar y con todos mis sentidos saberte mía. Llevo la ilusión prendida a tu esencia de mujer y el deseo que despierta cuando me quema el ansia de robarte un beso. Entonces prefiero simplemente permanecer a tu lado y velar tu sueño, volver a adivinarte, revivir lo que siempre he sabido: que te amo desde el momento en que te posaste en la ventana de mi triste existencia.
Hoy es otro día más para quererte de cualquier manera mientras me disuelvo en el murmullo de tu respiración, aún cuando estás dormida; así podré transmitirte un “te quiero” que enlace nuestras vidas, para todos nuestros siempres.

Quien vive en ti, para ti.


Marco Antonio

lunes, 9 de mayo de 2011

TANTO QUE PENSAR...



Me pica la nariz y no es que tenga lombrices. El dolor en mis coyunturas augura tiempo de lluvias y por mis ojos solo puedo percibir una turbia visión del limitado mundo que me rodea y poco me dice. Queda tanto más por ver, oír y sentir para entender mejor la razón de nuestra existencia y el por qué la perrita de mi vecino se caga todas las tardes en los escalones de mi casa.
Desde el limitado espacio que nos asignaron para vivir, a veces pienso que nos vendría bien si lo compartiéramos todo, de este modo encontraríamos una solución para la obsesión de Tati (así se llama la perrita) con los escalones de mi portal. Si cada ser humano en este planeta tuviese la capacidad de compartir sus visiones, las palabras fluirían con más facilidad y la intención de nuestros semejantes sería menos agresiva. No golpearíamos los tímpanos de nadie con tantas vituperaciones y obscenidades que arrojamos a mansalva y yo aprendería a querer a ese vecino y a su perra sin importarme donde el chucho deposite sus desechos biológicos.
Es tan pequeño el espacio donde gravita mi existencia que cuando lo comparo con el inmenso territorio que ocupa la raza humana me hace sentir ínfimo, microscópico, como una partícula orgánica en un teatro de marionetas. Un escenario donde mis actos y decisiones son inconsecuentes y mis argumentos se oyen hasta donde se apaga el eco. ¿Por qué he de preocuparme por la mierda del perro y el vecino cuyo mal alieno extingue las rosas de mi jardín cuando el mundo que veo por la televisión y oigo por la radio se está pudriendo? Es como una enorme cagada que sin duda abrumaría a la pobre Tati si tuviese que esforzar su organismo para igualarla.
El hambre que nunca he sentido está matando a niños en la India, en África y en otros lugares que desconozco pero sé que existen. Dejé de leer los periódicos porque la política es como caer en un pozo donde las promesas son oscuras y frías y finalmente te ahogas en ellas. Las noticias en la radio no pueden ser de este planeta, los hombres abusan de sus mujeres, destruyen sus hogares y abandonan a sus niños sin remordimientos. Ninguno de ellos recuerda el principio, la razón que los llevó a tomar los sagrados votos del matrimonio, y yo por otro lado, preocupándome por una perra que se caga en los escalones de mi casa.
El tiempo y el espacio que ahora ocupo no serán estadísticas importantes. Pero qué más quisiera yo, como cualquier otro ser humano pensar que sí, que de alguna forma puedo cambiar el mundo.


Marco Antonio

sábado, 7 de mayo de 2011

MUNDO FELIZ




La tierra se estremeció y la vida dejó de sonreír, se vistió de luto y en un soplo de tiempo repartió la desgracia a todos por igual. El antes y un después en la mañana del día cuando los sueño dejaron de existir. Miles de almas se apagaron para siempre victimas del seísmo y de su apocalíptico acompañante; el tsunami que arrasó la provincia de Fukushima y transformó la geografía y la rutina de forjarse el futuro en toda una región del Japón.

Horas más tarde el resto del mundo lo presenció a todo color sintiendo la impotencia y la tristeza que embarga al espectador en su refugio de distancias. Se dice que estamos unidos por un ombligo universal, pero secretamente reconocemos nuestra incapacidad personal para compartir el dolor, la angustia y la desesperación colectiva que se produce cuando desaparecen los puntales de una sociedad, de una familia, de un modo de vida y sí, hasta cierto punto nos sentimos culpables porque no se nos desgarra el alma a pesar de las pérdidas personales que nunca llegan a ser nuestras.

Si fuéramos perfectos y si en realidad estuviésemos unidos más íntimamente y dependiéramos el uno de todos los otros para sobrevivir, éste sería un mundo feliz.


Marco Antonio Peña

jueves, 5 de mayo de 2011

TU SILENCIOXXX



TU SILENCIO

Cuando callas.

Transformas el tiempo en silencios sin lágrimas
y alojas la tristeza como una piedra dura
que esconde las palabras en la marisma gris,
en la escarpa del barro o en el fondo del mar.
Sin puente no hay camino que me lleve a tu gracia
y me faltan las alas para emprender el vuelo
en busca de arcoíris y un mundo mejor.

Cuando callas.

Tu ausencia es la causa de un vacío de dudas,
no las frases dulces que me hacen creer
que es tu verbo ardiente quien desarma al suicida
y alienta su espíritu para después callar.
Donde lleves mi alma no habrá salón de juicios,
Ni silencios de muertos, solo el paso al umbral.


Marco Antonio

lunes, 18 de abril de 2011

REBELDÍA Y CONTRADICCIÓN
I


Cuando me hablas, pienso que es mi cabeza y no tú la que imagina respuestas que no quiero oír. Siempre ocurre cuando tomo una decisión enteramente subjetiva, algo que me agrada y a mi parecer tiene mucho sentido. Claro que sé de donde viene todo eso: Es producto del egocentrismo que se cuece y fermenta dentro de todos nosotros. No nos preocupamos demasiado por las consecuencias o el efecto y alcance de estas decisiones. Entonces es cuando tú, desde mi subconsciente, comienzas a cuestionar y a debatir hasta que finalmente terminas despotricando sin darme cuartel ni muchas alternativas. Sospecho que esta noción del libre albedrío tiene que ser un argumento debatible, mucho más cuando el sentido común es el que actúa por ti, como un heliotropo que persigue al sol. No hay escapatoria, todo ya está debidamente ordenado y sólo se cumple lo que hay que vivir para llegar de una estación en el tiempo a otra en el trayecto por la vida. No me hago ilusiones ni me sorprendo cuando examino la piel de mis años y veo mis buenas y malas acciones ordenadas en una secuencia calculada como si la vida fuera un algoritmo genético de origen y raíces matemáticas. Cuando me hablas, no lo haces desde el silencio porque tal cosa no existe para ti, los debates y las recriminaciones se forjan en la soledad de nuestras almas y en el miedo que nos embarga cuando nos enfrentamos a la incertidumbre de vivir. Todo esto es desconcertante y aunque siempre nos quede la esperanza de que algún día podríamos cambiarlo todo, la verdad es que de nuestro lado sólo nos queda la rebeldía para contradecir lo inevitable.

Marco Antonio

viernes, 15 de abril de 2011

LOS HOMBRES TAMBIÉN LLORAN


He visto a un hombre llorar de sentimientos. Un hombre enamorado de las palabras, de la vida, de su familia y de los menos afortunados de este mundo. Lo vi llorar sin importarle que docenas de ojos le observaran de reojo incapaces de encontrar la valentía para abandonarse a la emoción del momento. Fue uno de esos breves instantes que te ofrece la vida para acercarte a los principios fundamentales de nuestra fibra y de nuestra humanidad. En un recóndito lugar donde al parecer el tiempo ha rehusado continuar su marcha, existe una pequeña capilla conocida como La Ermida de A Gorgosa construida con piedras de otros tiempos. En la claridad de aquella mañana las sombras bailaban sobre la tosca superficie de sus paredes creando contrastes en un juego imaginario que daba la impresión de movimiento y vida; como si las piedras quisieran hablar desde el silencio y contar el capítulo olvidado de aquella región de España. Éramos un grupo nutrido los que entramos en el santuario rodeado de los prados más verdes del norte de la península, a tres palmos de un pueblo llamado Portosín en las Rías Baixas de Galicia. Allí descansa una réplica de La Virgen del Carmen. Llegó a ése lugar por un camino de amor después de permanecer en el seno de una familia católica cuya devoción se ha mantenido inquebrantable por generaciones. Fue por casualidad y a petición de uno de sus miembros, que mi esposa en ésa primera visita, leyera lo expuesto en la reveladora carta enmarcada en un sencillo cuadro que colgaba junto a la Virgen. El texto expresaba los sentimientos de toda una familia y había sido escrito muchos años antes por uno de los once hermanos. Un ser especial poseedor de ese talento inmensurable que se manifiesta en algunos seres humanos y en otros, no. La bóveda que daba forma a la cúpula del recinto, transformó la voz de mi esposa proyectándola con tal solemnidad que imaginé que aquél legado a la memoria del padre, era mucho más. Estábamos escuchando la declaración del amor de toda una familia a un entrañable ser humano. Uno sólo lloró con las lágrimas vivas. El resto nos refugiamos en el duro silencio de la angustia compartida, de la pérdida y de la impotencia de no poder desandar caminos. Entonces todos rezamos con los ojos cerrados y los párpados humedecidos por el rocío de la tristeza.

Marco Antonio

viernes, 8 de abril de 2011

UN DUENDE BURLÓN


Despiertas y te sientas al borde de la cama a contemplar el espacio. Por un instante te desentiendes de todo lo que te rodea y te encuentras, sin pensar en ello, galopando a todo tropel en un recorrido demencial por los retazos de tu vida. Lo sucedido ayer te golpea las sienes y las respuestas que se desprendieron de tu boca regresan para sentarse en el cadalso donde se debate la duda bañada en recriminaciones. Tratas de desprenderte de las visiones por las que ya nada puedes hacer y entonces te acorrala la enormidad del presente, de lo que hoy está por suceder, de las decisiones que vas a tomar, las obligaciones y la carga de rutinas que cuando bien lo piensas no sabes exactamente como se han trepado a tus espaldas, pero lo han hecho y ahora estás dónde estás. Logras sacudir la cabeza e intentas incorporarte pero decides ponderar un poco más sobre el por qué de las cosas y todo lo que tuvo que acontecer para que esta mañana te encontrase sentada al borde de la cama. No es la primera vez que lo haces, ni será la última, vuelves a repasarlo todo, las decisiones que en un momento dado tomaste y aquellas que rechazaste y sin saber por qué; ahora te pesan. Te vuelves a preguntar cómo has llegado hasta aquí, pero bien sabes que las respuestas están fuera de tu alcance. Todos tus huesos crujen cuando por fin te levantas y arrastras tus chancletas hasta el baño. Allí te enfrentas al verdadero fantasma que nunca te abandona y que siempre está dispuesto a confesarte desde el otro lado del espejo. Empuñas el cepillo de dientes, se frunce tu rostro y descubres las nuevas arrugas que ayer no tenían razón alguna para joderte la vida pero hoy sí. Alguien dijo que lo único seguro era la muerte y estás de acuerdo. Porque la vida es un duende burlón que te persigue hasta el día en que ya no tengas la necesidad de sentarte al borde de tu cama.

Marco Antonio