LO QUE SIEMPRE HEMOS QUERIDO DECIR, PERO HASTA AHORA NUNCA NOS ATREVIMOS

jueves, 20 de marzo de 2014

SIN SECRETOS



El medio ambiente, en ocasiones, se carga de electricidad estática. Algunas personas han tenido esa experiencia al sentir el estremecimiento de la piel y el espeluznar del vello de sus brazos. Otras, como yo, han vivido esas sensaciones cuando el amor y la ternura permea el ambiente y te sientes abrumado por tanta dulzura en estado natural .

Tengo amigos y amigas que se han plantado en mi camino desde hace un instante, pero tal parece que han estado ahí toda la vida. Es algo así como una simbiosis de almas gemelas que a su paso va dejando una estela de estrellas que forman un arco iris cariñoso de amistades.

Tengo amigos y amigas que trabajan para crear con sus manos el paisaje de emociones que cada uno de ellos sueña por dentro. Una manera más de expresar que sí, nos merecemos el espacio que ocupamos y el tiempo que dedicamos a nuestro arte. Es así como vemos y vivimos lo que nos toca, desde un ayer hasta un mañana.

No dejamos de perseguir la médula de nuestras inquietudes esperando entender nuestra razón de ser y en el camino nos encontramos para cambiar de indumentaria, para hacernos mejores con el reflejo de las actitudes de otros, con el estilo, con el sabor de las palabras, con la conmoción que produce el aletear de ángeles en su vuelo al paraíso. Y eso tampoco es un secreto.

Marco Antonio

sábado, 15 de marzo de 2014

CASCARÓN DE HUEVO



El tiempo es como el cascarón de un huevo: protege. Aunque no te permita ver el contenido, bien sabes lo que hay dentro. Al final terminamos rompiendo la cáscara y la vida que en teoría pudiese contener, deja de ser parte del concepto natural de la supervivencia y preservación de la especie. La substancia en su interior, cumple otro propósito, se convierte en un nutriente esencial a la vez que se anuncia como una tácita venganza por el alto contenido de colesterol que ingerimos condensado en su yema.

Vamos por la vida siendo lo que somos, pero eso nadie lo sabe, porque llevamos la expresión facial de una cáscara de huevos. Dentro, donde ruge la tormenta nadie sospecha nuestro inmenso potencial para el bien y el mal, para amar y odiar o para ser justos o despóticos. Maduramos con el tiempo y nuestro contenido intelectual interactúa hasta alcanzar unas dimensiones sorprendentes. ¿De qué otra manera pudiésemos haber cambiado el mundo tantas veces hasta situarlo en esta posición patas arriba? En verdad, somos exquisitamente diferentes, no hay una especie semejante en todo el planeta que pueda romper un huevo sobre el borde de un sartén con tanta precisión y freírlo a la perfección.

Estamos retando a los fenómenos naturales, cataclismos como los huracanes, terremotos, las inundaciones y las sequías,destructores naturales del ambiente y la vida misma. Nosotros, los de la expresión de cáscara de huevos llevamos unos cuantos milenios destruyendo civilizaciones, exterminando ideas productivas y asesinando niños a granel con la asistencia del hambre, la miseria y el holocausto que tales males acarrean.

¿Por qué tengo esta impresión que destila de mis huesos que el tiempo está cambiando? No lo sé, nadie cree en premoniciones, ni en cambios climáticos ni en las fantasmagóricas explosiones en el Sol, tampoco estamos informado de estas cosas que nuestros cinco sentidos subrepticiamente perciben. No sé si como parte del sistema que gobierna nuestros destinos, estamos dentro o fuera del huevo.

Marco Antonio

martes, 11 de marzo de 2014

MI CARTA A LA VIDA Carmen Passano

Siempre nos rodearon fantasmas, o casi siempre, pero hoy esos fantasmas parecen haber sido barridos por el viento, porque abrimos las ventanas de par en par, para que salgan los que pudieron quedarse.Al final comprendimos que sacudirnos lo que no nos deja ser libres era lo inteligente, lastima que uno lo comprende demasiado tarde.

Esto querido amigo, es solamente el comienzo de esta carta a la vida.>br>
Amo las pequeñas cosas que son mis recuerdos, hasta unas piedras escondidas entre mis plantas, pero comprendo que a los únicos que hay que amar son a las personas, aunque las cosas a veces producen menos tristezas. Por eso ya que soy una devoradora de libros, comprendo que los libros aparte de ser un entretenimiento, para mi una fuente de cultura de conocimientos, de evasión y de imaginación, son especialmente el mundo de las palabras que se leen entre líneas, con una sensibilidad y sentimientos propios del autor o autora, y eso es lo que me atrae, lo verdadero es conocer al escritor, su vida su historia donde nació, donde vivió sus seres queridos, sus amigos, en fin conocer al ser humano que es o fue. Porque solo así se comprende lo que escribe, sea real o imaginario.

Siempre es tan difícil vivir, que uno se refugia en la fe en algo o alguien. La soledad es terrible cuando no la acompaña una fe interior en uno mismo, y no siempre se tiene la música.

Carmen Passano

sábado, 8 de marzo de 2014

EN TIEMPOS DE VIDA



Alguien tocó a mi puerta suavemente, pregunté con desconfianza quién era, miré por el pequeño agujero en la madera, pero no había nadie. Nunca llegué a entender cómo se manifestó la respuesta pero estoy seguro que oí cuando dijeron que era "Los buenos tiempos".

—Los buenos tiempos no han pasado por esta casa en años—respondí con un tono agresivo sin atreverme a abrir y sin aún poder precisar si había alguien ahí— Hace mucho tiempo que la mala suerte y las desgracias conviven en esta casa y la verdad es que se han acomodado tan bien en nuestro entorno, que al parecer, no tienen planes de marcharse, ni siquiera de vacaciones.

—No recuerdo haber tocado a una puerta y que alguien en este mundo me haya negado la entrada —me dijo la misteriosa voz en mi cabeza, sin yo saber exactamente de donde provenía— no puedo creer que usted se haya acostumbrado a convivir con tal melodrama y ser el anfitrión de la desdicha y la desventura.

Traté de reconstruir memorias y recordé que hubo tiempos en que la felicidad que traen los buenos tiempos estuvo en mi casa y compartió conmigo. Fueron tiempos maravillosos de dulce cohabitar, envueltos en un aura de paz y tranquilidad. Éramos dos, cómo lo somos ahora, y sin saberlo vivíamos escondidos de la realidad en aquél lugar idílico protegido por el mar y la arena de un mundo que ahora sabemos, nada tiene que ver con éste.

—Acuerdo haberte dejado abandonado en otro lugar—le grité– y me atrevo a jurar que de allí nunca te moverías, porque nadie, con sentido común, te dejaría escapar como lo hicimos nosotros—Aquí, en esta casa, ahora mismo somos muchos y no creo que si estás intentando entrar, tú seas quién dices ser. Nunca he oído que las desgracias y las desdichas pudiesen cohabitar con la felicidad de los buenos tiempos en un mismo espacio, así que debes ser algo abominable que intenta unirse al resto de mis tribulaciones. Entonces sentí que se alejaba de mí puerta y una dulce voz dentro de mi cabeza o quizás en mi corazón, de eso no estoy del todo seguro, me dijo:

—No vine a quedarme, solo a recordarte que sigo allí donde me dejaste y que cuando estos malos tiempos y sus consecuencias se aburran de arañar tu alma... Allí estaré como siempre esperando. El tiempo nunca se detiene, eso bien lo sabes, tampoco permite tanto a lo bueno como a lo malo permanecer en un lugar indefinidamente. Así es la vida y éstas son sus etapas, como los inviernos, las primaveras y los veranos. Las estaciones tienen su momento y nunca se les otorga un estado de permanencia.

Quizás aún quede tiempo en el invierno de tu existencia para encontrarte nuevamente en el camino. Te prometo que esta vez será una estancia prolongada, lo suficiente larga como para sanar las heridas de tan cruel y arraigada experiencia. No desesperes.

Marco Antonio

martes, 4 de marzo de 2014

HISTORIAS PARA DORMIR...

Se aferró a la palanca con determinación, sus dedos rodearon firmemente el trozo de piel de serpiente que cubría el mango de la barra de madera y plantó los tacones de sus raídas botas contra el grueso borde de la plataforma a tres metros del suelo donde le tocaba sentarse. Levantó la cabeza y lanzó una mirada hacia el otro lado de la plaza; el Alcalde le observaba. El silencio era absoluto con excepción del velado crujir de las madejas de paja seca que rodaban arrastradas por el viento levantando el polvo rojizo de aquel pueblo sin nombre perdido en medio del desierto.

El alcalde extrajo un reloj del pequeño bolsillo de su chaqueta e intentó limpiar la superficie del cristal con el sudor de su pañuelo. Miró la hora y después observó la posición del sol en esos momentos, al parecer quedó satisfecho, solo faltaban dos minutos para las tres de la tarde. Le estuvo curioso que el hombre en la tarima estuviese tan calmado, llevaba parado allí como una estatua y con las manos atadas a su espalda por más de media hora; también era curioso que no demandara que le removieran la capucha negra que le cubría la cabeza. Otros en su posición, temblaban de pies a cabeza y no soportaban el peso de la soga que ahora descansaba alrededor de su cuello.

El alcalde dedujo que había tantos niños como adultos en este evento. Bueno, no todos los días colgaban a un malhechor de tanta categoría, un criminal buscado por muchos en cuatro estados del sur y finalmente atrapado aquí, en el rincón más absurdo de la tierra. Este año de 1886 no fue muy bueno para los cuatreros en Tejas.

La primera campanada estremeció a todos los allí presentes. El cura también mantenía una estricta tradición en su iglesia, la exactitud de la hora y el tañer de sus campanas. El alcalde volvió a comprobar su reloj: eran las tres de la tarde... en punto. Sonó la segunda campanada, había llegado la hora, el alcalde se volvió hacia la tarima y fijando la mirada en el hombre que se aferraba a la palanca como si de su diligencia dependiera la vida misma, hizo un leve movimiento de cabeza...Sonó la tercera campanada.

El hombre tiró de la palanca con todas sus fuerzas, la trampilla sobre la cual el malhechor descansaba sus pies desapareció con un crujido del mecanismo confiado y bien lubricado. El cuerpo se precipitó al vacío por el agujero de la trampilla, en un instante se tensó el nudo de la horca, y la multitud cercana al cadalso pudo percibir el leve pero truculento sonido de las vertebras que ceden ante la fuerza de la gravedad. El cuello se había deformado y las piernas en una pugna grotesca daban sus últimos espasmos antes de quedar sin vida. Todo acabó en un instante, entonces el alcalde ...

Margarita cerró el libro de cuentos y miró a través de los barrotes de la cuna, en algún momento Pablito se había quedado dormido escuchando la impresionante narrativa. Esto era algo incomprensible para ella. Había comenzado leyendo cuentos del osito, después Blanca Nieves y la Cenicienta. Más tarde estas historias ya no le servían, así que intentó leerle aventuras de piratas y las de Tarzán de los monos. Ahora leían novelas del Oeste Americano, pero no estaba segura hasta cuándo le arrullarían estas historias, en verdad, no lo sabía. Mañana intentaría comenzar con Edgar Allan Poe.

Marco Antonio

jueves, 27 de febrero de 2014

ESTA PRUEBA...



¿Alguna vez has repudiado las ganas de vivir cuando esa pesadumbre oscura, espesa y negativa se posa sobre tus hombros y te abruma?

La vida siempre nos tiene a prueba, en ocasiones nos estruja o nos zarandea pero nunca nos abandona a destiempo. Somos pura biología y como tal, así son nuestras necesidades, las de sobrevivir la hora y el día y verlas desaparecer sin saber por qué.

Y aquí nos encontramos, los mismos de siempre con los recuerdos de todas nuestras experiencias; las que marcharon no sé por dónde, pero que en el proceso dejaron escritas una biblia de mandamientos, esos que fueron con el tiempo modificando nuestra conducta y la manera de ver las cosas el resto de nuestras vidas.

Repudiar las ganas de vivir es más una reacción momentánea que una condición humana. Queremos... No, es más, necesitamos de la vida para expresar lo que somos y para recibir el caleidoscopio de las emociones que nutren y maduran nuestro carácter. ¿Habrá quién rehúse rescatar el recuerdo del roce de unos labios en la noche del tiempo, o quién no reviva una y otra vez, el contacto de unos dedos tibios que recorrieran nuestra piel en las visiones que entreteje la memoria? No, no se puede repudiar la vida si nuestras más íntimas añoranzas están ligadas a la expectativa de lo que está por venir.

Es hoy cuando debemos estar ahí para quedarnos con su substancia, también es hoy un día más para sentir como se escapa nuestro tiempo hasta desaparecer por no sé dónde sin dejar rastro. Sin embargo, también es hoy el mejor momento para dar lo mejor de nosotros y crear nuevos horizontes en un mundo donde debemos prevalecer porque siempre, no importa donde o cuando termine esta travesía, llevaremos una diadema incrustada de recuerdos ceñida a nuestras sienes.

No... No hay razón para repudiar las ganas de vivir.

Marco Antonio

martes, 18 de febrero de 2014

UN DÍA COMO OTRO CUALQUIERA...



En tres zancadas el animal alcanzó el final del callejón y de un salto se precipitó contra su pecho, el impacto le derrumbó sobre el pavimento dejándolo prácticamente indefenso. Sintió la humedad de su propia sangre saturando la camisa a la altura del cuello, no podía respirar, ni tampoco visualizar lo que estaba ocurriendo, su garganta estaba aprisionada entre las enormes fauces del Rottweiler.

Ella procedía de una familia acomodada, él era un misterioso soñador aventurero que al terminar la carrera de ingeniería solicitó asociarse a una ONG (médicos sin fronteras) en África. Allí, apartado del mundo, trabajó aportando ayuda logística en un lugar agreste y solitario. Su relación con Graciela comenzó en uno de los campamentos en Marruecos, dos años más tarde contrajeron matrimonio y regresaron a España contra los deseos de Germán. Graciela había cumplido los veinticuatro años cuando tuvo su primer bebé y apenas dos meses después, estaba embarazada por segunda vez. Germán había perdido el empleo en medio de la crisis económica que azotaba a Europa y sabía que encontrar otro trabajo era un sueño remoto.

Comenzaron las discusiones y los argumentos por dinero y las limitaciones económicas para viajar por el mundo como él siempre había soñado. Germán, en su frustración, comenzó a beber y ausentarse dejándola desatendida con un bebé recién nacido y otro a punto de nacer. Su única compañía era el corpulento perro de la raza Rottweiler que habían comprado al regresar de Marruecos. El matrimonio comenzó a desarticularse y las discusiones eran cada vez más fuertes hasta convertirse en batallas campales donde Graciela siempre llevaba la peor parte, su única protección era el perro que se interponía entre los dos intentando protegerla cuando Germán, en estado ebrio, enloquecía e intentaba golpearla.

Los padres de Graciela finalmente se enteraron de lo que estaba ocurriendo por un vecino de puertas del matrimonio e inmediatamente vinieron a socorrerla. La trasladaron a su casa bajo protestas, ella rehusaba dejar a su marido aunque estaba prácticamente abandonada y a punto de dar a luz. Con ella y el bebé, también se llevaron al perro. Esa madrugada Germán en un estado incoherente, golpeó la puerta de sus suegros demandando que su mujer e hijo regresaran a su casa, la algarabía fue tal, que finalmente la policía se presentó y lo arrastró al calabozo. La niña nació unos días después y en cuestión de semanas las numerosas promesas y disculpas de Germán surgieron efecto y ella y los niños regresaron a su casa, también los acompañó el perro.

El hedor de su cuerpo alcoholizado era más de lo que Graciela estaba dispuesta a soportar a su lado en la cama. Le empujó con todas sus fuerzas y girando una media vuelta el borracho cayó de la cama. Se levantó a duras penas y volviendo a la cama la emprendió a golpes con ella causándole un corte en el pómulo derecho y aflojándole dos dientes de otro puñetazo. Finalmente se sentó sobre ella inmovilizándola y comenzó a infligirle terribles golpes en sus pechos y en las costillas; ella intentó gritar, pero él le calló la boca de un puñetazo. Los niños comenzaron a llorar y el perro ladraba furioso mientras saltaba contra la puerta de cristal que separaba el patio de la habitación.

El teléfono de la mesilla de noche sonó estrepitosa mente, el padre de Graciela despertó alarmado y levantó el auricular: ¡Ese marido borrachón está matando a tu hija! ¡ Vamos a llamar a la policía! .Se precipitaron escaleras abajo en pijamas, recogieron las llaves del coche y mientras él maniobraba para salir del garaje, ella llamaba a la policía. Los gritos, los llantos y los ladridos eran escalofriante, muchos vecinos habían salido a la calle y algunos más arriesgados se atrevieron a golpear en la puerta.

El Rottweiler había perdido la razón, su instinto natural le exhortaba a defender a su ama. Continuaba catapultando su poderoso cuerpo contra el cristal de la puerta del patio, pero la estructura resistía todos sus embates. El padre de Graciela dejó el coche en marcha y corrió hacia la puerta donde varios vecinos intentaban forzar la entrada; era una puerta de seguridad capaz de resistir mucho más. El padre se dirigió a toda prisa por el costado del edificio hasta llegar a un muro desde donde podía claramente oír los furiosos ladridos del perro. Intentó escalarlo pero le fue imposible. Mirando a su alrededor pudo ver unos cajones de basura abandonados y con ellos hizo un montículo lo suficientemente alto para permitirle saltar y así lo hizo.

El enloquecido perro oyó el movimiento al fondo del patio y volviéndose localizó a la figura que avanzaba en su dirección. Emprendió una vertiginosa carrera y de un salto derribó al padre de Graciela, segundos más tarde, había cerrado su poderosa mandíbula sobre la garganta del pobre hombre que en un instante quedó despedazada. Ahora, a la merced del desquiciado animal, su vida estaba a punto de apagarse. El perro regresó a toda carrera a la casa y otra vez se abalanzó sobre la puerta, esta vez con tal fuerza, que el cristal cedió explotando en mil pedazos.

Germán no había cesado de golpear el cuerpo inánime de Graciela, los dos estaban bañados en sangre, pero el demente continuaba infligiendo porrazos a su víctima. El perro saltó sobre él, pero Germán tuvo tiempo de cubrirse la cara y neutralizar la embestida. Como si de pronto la lucidez hubiese despertado en su cerebro, actuó con rapidez y se resguardó detrás de Graciela. Cuando el perro inició su segundo ataque, Germán lo esquivó lanzándole el cuerpo exánime de su mujer, el perro confundido, por un instante perdió su agresividad, momento que el marido aprovechó para desaparecer por la grieta en la puerta. Por unos segundos el Rottweiler lamió el rostro de Graciela y gimió tristemente. Intentó despertarla empujando el cuerpo con su cabeza, pero en vano, finalmente pareció concentrarse en la brecha en el cristal y de un salto desapareció a través deL agujero.

Germán había logrado escalar el muro y escapar por los senderos entre los patios que separaban una casa de otra. No estaba seguro de lo que había pasado, pero su cabeza ya libre del estupor del alcohol, le dictaba que huyera. No podían permitir que lo encontraran, si así fuera, todo saldría a la luz, todo sería una verdadera catástrofe. Mientras corría, por su mente pasaron celajes de un momento años atrás, borracho como esta vez, cuando agredió a una puta dejándola por muerta en el hotel . Sus recuerdos retrocedieron aún más y se vio en el momento en que descubrió la relación de su madre con el hermano de su padre. Nunca más se cruzó una palabra entre madre e hijo. Germán tenía diez años cuando su tío se ahogó; pescaban juntos en el Mediterráneo, al tío nunca le encontraron.

Sacudió la cabeza y volvió a la realidad, su desesperada carrera lo había llevado a un callejón sin salida, se volvió bruscamente e intentó buscar otra vía de escape ...

En tres zancadas el animal alcanzó el final del callejón y de un salto se precipitó contra su pecho...

Marco Antonio