LO QUE SIEMPRE HEMOS QUERIDO DECIR, PERO HASTA AHORA NUNCA NOS ATREVIMOS

miércoles, 29 de enero de 2014

YO SOY UNO DE ESOS...

Me pidió mi opinión y yo, sin pensarlo se la ofrecí. No es que el tema fuese de mi entero conocimiento o que yo estuviese al tanto de lo que allí se debatía, pero abrí la boca y antes de concluir con mis conjeturas me di cuenta que el zapato ya se había atragantado en mi garganta.

Podía leerlo en los rostros que me rodeaban y en sus gestos, porque es muy fácil decepcionar cuando uno intenta encaramarse en los hombros de los demás seguro de sí mismo y confiado de que no importa lo que digas, emergerás triunfador.

¿Quién no se ha sentido así alguna vez? Aplastado por su propia ineptitud. Aquellos que como yo han tenido esta experiencia, deben saber que es parte de la naturaleza humana el no poder aceptar un trago de humildad y confesar nuestras lagunas de ignorancia.

De vez en cuando sentimos ese impulso de levitar sobre la muchedumbre y desplegar nuestros colores, algo así como un Pavo Real. Todos tenemos la necesidad de brillar, de sabernos a la altura de los demás, aunque nuestra armadura necesite una capa de antioxidante y la corrosión mine nuestros sentidos.

Hay una genética que desfigura nuestras intenciones y como nunca abandonamos del todo la inocencia de la niñez actuamos en concordancia con esos impulsos primitivos. Entonces es cuando la cagamos.

Pero aún nos queda tanto por vivir que siempre habrá oportunidad de madurar y aprender nuevos modales. La autoestima volverá a recuperarse y la próxima vez que se requiera nuestra opinión, reflexionaremos hasta agotar todos los recursos; entonces sonreiremos y nos encogeremos de hombros.

Marco Antonio

miércoles, 22 de enero de 2014

EL CORAZÓN SE ROMPE

Siempre recordarás la primera vez que se rompió tu corazón. Quizás aún puedas evocar dentro de la confusión y el revuelo de las imágenes que golpean tu subconsciente, aquella que causó tanto daño cuando tu vida aún carecía de los instrumentos de defensa para protegerte del desasosiego que causa ese primer amor.

Hubo otro instante único que no hay que recordarlo porque vive acuñado en ti. Aquella vez cuando el amor de tu vida tocó a la puerta sin ser correspondido o entendido. Aquella vez cuando el tiempo no fue suficiente para saborearlo todo y el verdadero amor se escurrió entre tus dedos como el agua mansa que desorienta los sentidos.

Entonces el corazón remendado volvió a romperse, esta vez para nunca más latir al compás de la confianza ciega o entregarse a la ilusión sin reparos. Se rompe pero siempre encuentra la manera de continuar su trayectoria; maltrecho, pero con la indescifrable convicción de que su tarea es mucho más digna y majestuosa porque el ser humano es más de lo que el entorno ofrece.

Así transitamos por la vida dispensando emociones, entre ellas, el amor. Este, que al parecer se alberga en cada latido de ese impredecible corazón que en su ilimitada capacidad persiste en llevarnos más allá del último suspiro.

Marco Antonio

domingo, 19 de enero de 2014

CIERRA LOS OJOS Y ABRE LA BOCA

Es verano en Argentina donde el sol no se apiada de la piel de los bañistas, pero es agradable tumbarse en la arena de una playa y olvidarse del mundo o merendar sobre la hierba verde en el campo y contemplar el paisaje idílico de la naturaleza. En España, para estos tiempos, somos gorriones sacudiéndonos las plumas para entrar en calor. El frío, la nieve y la falta de empleo está minando el árbol de la fortuna.

Se me antoja que así es la vida, unos gozan de la felicidad que visita sus casas mientras otros se ahogan en la amargura y la tristeza de la inesperada estancia de una desgracia que se instala en su mundo sin presentar tarjeta de visita. Qué desigual es este juego de naipes y que injusta fue la decisión de repartir al azar la gloria y el abismo en su momento.

Dije al azar, porque estoy convencido que no es del todo función de la inteligencia o el esfuerzo sobrehumano los que compran el bienestar y las comodidades que nos marcan como triunfadores. Es por otra vía, en la oscuridad de nuestro destino donde transita la penuria esperando que la casualidad le asigne el momento de interrumpir en nuestras vidas. A los que les llega ... les llega. A otros como si estuviesen vacunados contra las vicisitudes pasan por la vida sin escaldarse demasiado.

Hay que cerrar los ojos y abrir la boca, como decían nuestras madres y tomar la medicina que nos toca. Es el viaje que todos tenemos que recorrer y esa inevitable realidad nos proporciona un sentido de igualdad. Todos nos vamos y ni siquiera los recuerdos escapan con nosotros. Por aquí transitamos los más y los menos afortunados y claro, que no es parte de nuestro discurso entender el por qué del peregrinaje. La vida no es un secreto, es más como una estación espacial en un agujero de gusano.

Marco Antonio

sábado, 11 de enero de 2014

LA FE MUEVE MONTAÑAS

El galopar del tiempo en este interminable espacio que ocupamos nos hace sentir minúsculos, expuestos y desatendidos. Hemos cruzado una frontera más y el nuevo año con sus retoños de esperanzas rehúsa aceptar ese raciocinio negativo y nos levanta la moral con nuevas ideas para alimentar el alma, el corazón y la conciencia.

No es vivir la virtud que mueve este planeta. Es cómo lo hacemos cada día entre el amanecer y el crepúsculo, con qué ojos miramos por las ventanas de nuestra existencia y de qué color percibimos el entorno que nos rodea. Somos supervivientes de una especie que por la prehistórica crudeza de la naturaleza nunca debería haber llegado hasta aquí, pero ya ves, frágiles, crueles e imperfectos, hasta aquí hemos llegado y tú y yo somos la prueba fehaciente de que la esperanza existe y de que la Fe mueve montañas.

Es una nueva hora en este calendario y cada paso que damos es crucial para fortalecer nuestra autoestima y la certeza de que sí somos buenas personas. Pon tu mano sobre el corazón y sentirás la tremenda faena que se está llevando a cabo dentro de ti para que puedas dar un paso más, para que tomes una nueva decisión y que en efecto, tu vida mantenga dirección y sentido.

Es un camino donde no se mide la distancia pero sí nuestras capacidades para cambiar, convencer, amar y ser amados.

Marco Antonio

martes, 31 de diciembre de 2013

FELIZ AÑO NUEVO 2014

Añoranzas en el viento que sopla desde este último suspiro del año. Puedo cerrar los ojos e imaginar un beso de mi madre en la mejilla, su aroma y textura, tal como si hoy fuera el ayer de ese camino que todos, de la manera que nos corresponde, recorremos.

Olores y sabores de todos mis tiempos, voces que ya no están pero que oigo cuando a mi corazón se le antoja, al igual que los celajes de instantes vividos que a esta hora y en esta última campanada del año me asaltan para enternecer mi corazón con los retazos de mi vida.

Y heme aquí, de la mano de lo único que me queda dulce y bueno, preparado para dar el salto a un nuevo año. Conmigo llevo el deseo de quererlos a todos sin importar distancias, de mantener los vínculos que nos atan y de ser merecedor del milagro de tenerlos en mi mundo y nosotros de ser parte del vuestro.

Marco y Marga

miércoles, 18 de diciembre de 2013

FELICES PASCUAS

Quisiera haber contado los pasos que dimos este año para llegar aquí .
Otro año se nos escapa y no estamos tan seguros de si todas las experiencias, buenas y no tan buenas fueron reales o parte de un sueño.
Pero aquí estamos,al amanacer de un nuevo año, mejor preparados para no perder la pista de nuestras pisadas y con la consciencia alerta, despierta a un mundo que al parecer está languideciendo.
Piensa, mientras cuentas esos pasos. ¿Qué pequeña hebra puedes hilvanar para hacer la vida de otro ser más llevadera, más feliz?
Inténtalo y descubrirás una nueva emoción; crecerás con ella.
Inténtalo antes de que se te agoten los pasos.

FELICES PASCUAS Y UN PRÓSPERO AÑO NUEVO

Marco y Marga

jueves, 12 de diciembre de 2013

EL TIEMPO ARRASTRA CON TODO ...

Extraña es la única manera de explicar esta sensación que transmite el lápiz sobre la suave textura del papel carta esperando una decisión. Lo contemplo aprisionado entre mis dedos con la afilada punta del grafito reposando en un punto indefinido.

Esta pausa produce en mi subconsciente una transición en el tiempo que me transporta a otra época. Entonces, aún recuerdo, expresábamos nuestras ideas y sentimientos de esta única manera, utilizando papel y lápiz o una pluma. Era una emocionante sensación ver aparecer los inequívocos rasgos de las letras trazadas con un lápiz o en tinta al pulso de la pluma.

Aquellos que conocían la manera de escribir del redactor podían llevarse la impresión de su aparente estado de ánimo o quizás hasta algo del carácter y la personalidad que dominaba al sujeto en aquél instante de creatividad intentando cubrir una página en blanco. ¿Cuándo fue la última vez que empuñé un lápiz o una pluma para escribir una carta de amor, o de amistad? ¿En qué momento dejé de expresar con mano temblorosa mi dolor por la pérdida de un ser querido?

...Ella reconoció su estilo y el corazón se le vino a la boca. Las palabras de amor eran más dulces y las promesas más creíbles. Aquellos rasgos de toda la vida eran los mismos, el pulso ahora tembloroso por los estragos de los años no había perdido la convicción ni la firmeza de su carácter. Esta es su letra...

Primero nos fulminó la máquina de escribir, más tarde el ordenador y como todas las adicciones, la comodidad excusada por la eficiencia de la automatización, se abrió paso y se tragó el elemento humano.

Leer entre líneas e ir descubriendo en los trazos el verdadero propósito del escritor se ha ido diluyendo y está a punto de desaparecer. Así que de cierta manera, ya se ha plastificado la emoción de leer una carta escrita a mano; hoy en día casi nadie se atreve a intentarlo porque ni siquiera importa lo gratificante que podría ser recibir una carta cuyo estilo de escritura provocara tantas emociones.

Abandoné el lápiz sobre el papel en blanco y miré por la ventana, veo un inmenso cielo preñado de mañanas. Estoy por jurar que en otros cincuenta años se nos hará difícil escribir las letras, componer las palabras y firmar nuestros nombres.

MarcoAntonio