Se me antoja que así es la vida, unos gozan de la felicidad que visita sus casas mientras otros se ahogan en la amargura y la tristeza de la inesperada estancia de una desgracia que se instala en su mundo sin presentar tarjeta de visita. Qué desigual es este juego de naipes y que injusta fue la decisión de repartir al azar la gloria y el abismo en su momento.
Dije al azar, porque estoy convencido que no es del todo función de la inteligencia o el esfuerzo sobrehumano los que compran el bienestar y las comodidades que nos marcan como triunfadores. Es por otra vía, en la oscuridad de nuestro destino donde transita la penuria esperando que la casualidad le asigne el momento de interrumpir en nuestras vidas. A los que les llega ... les llega. A otros como si estuviesen vacunados contra las vicisitudes pasan por la vida sin escaldarse demasiado.
Hay que cerrar los ojos y abrir la boca, como decían nuestras madres y tomar la medicina que nos toca. Es el viaje que todos tenemos que recorrer y esa inevitable realidad nos proporciona un sentido de igualdad. Todos nos vamos y ni siquiera los recuerdos escapan con nosotros. Por aquí transitamos los más y los menos afortunados y claro, que no es parte de nuestro discurso entender el por qué del peregrinaje. La vida no es un secreto, es más como una estación espacial en un agujero de gusano.
Marco Antonio





